lunes, 21 de enero de 2008

La mentalidad progre

He escuchado esta mañana unas palabras de la vicepresidenta del gobierno en un mitin. Difícilmente se podría encontrar un ejemplo más claro del erróneo punto de vista progre sobre lo público y lo privado. Venía a abundar esta señora en su error ya manifestado en su comparecencia oficial
Para la mentalidad progre, lo privado es lo malo y lo público es lo bueno. Es asombroso. O sea, que quienes mantienen con su trabajo en el sector privado, compitiendo y arriesgándose a sufrir pérdidas, caídas de ventas, intervenciones gubernamentales, etc, resulta que son los malos; y los funcionarios cuyo sueldo sale integramente de los impuestos que paga el sector privado, que pagamos todos, resulta que son los buenos. Asombroso. Así, resulta que Pizarro, un empresario de éxito, es descalificado precisamente por haber tenido éxito en el sector privado, por haber sido productivo, por haber pagado ingentes cantidades de impuestos que han mantenido y siguen manteniendo un enorme y creciente número de funcionarios innecesarios e improductivos. Asombroso. Las palabras textuales de la vicepresidenta fueron: "prácticamente toda la trayectoria profesional del Sr. Pizarro, más allá del respeto, por supuesto, personal que me merece, ha estado vinculada a la defensa de las empresas y los intereses privados. Desde este punto de vista, sus cartas credenciales, a la hora de defender la cuenta de resultados para el servicio público y por tanto, para la mayoría de los ciudadanos, no parece que pudieran resultar muy rentables. Y hasta ahora en la gestión, el Sr. Pizarro ha defendido intereses privados. Asombroso. Ahí queda el disparate, para la antología de la ignorancia de toda una vicepresidenta del gobierno. Recientemente, he tenido que sufrir los trámites burocráticos para registrar a un recién nacido. Se funciona como si estuviéramos todavía en el siglo XIX, pasando un papel de un negociado a otro. En el hospital, una enfermera te entrega un papel, firmado por la ginecóloga, que acredita que ha nacido un niño, hijo de menganita de tal. Primera funcionaria. Después, debes recoger los papeles del alta, para el registro, que te entregan dos funcionarias más. Con ese papel, debes registrar al niño en el libro de familia, lo cual realizaron otros dos funcionarios de mi ayuntamiento. Una vez registrado, debes ir a otro negociado del mismo ayuntamiento, a empadronar al chico, y conseguir su certificado de empadronamiento: otro funcionario más, y va ya el sexto. Con ese certificado de empadronamiento, debes acudir al INS, para conseguir la tarjeta sanitaria del niño: otros dos funcionarios, uno para darme un número, y otro para sellarme los papeles. En total, ocho funcionarios para apuntar a un niño. Sin contar a la ginecóloga que rellenó el parte inicial, ni a los funcionarios del INS que supongo que tramitarán los papeles allí sellados. ¿Son necesarios en realidad todos estos funcionarios? ¿No se podría tramitar directamente desde el hospital, con el escrito original del médico, todos los pasos, reduciendo así el número de funcionarios a dos en lugar de ocho? ¡Y esto es lo que le parece ejemplar a nuestra vicepresi!

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